
Llega la primavera, y con ella el nacimiento de las nuevas y futuras ramas de la madreselva, planta ariana por excelencia por sus características trepadoras e invasivas, y que desde tiempos inmemorables ha sido representada como arquetipo del amor eterno, pero también de la felicidad añorada, o de la nostalgia de los tiempos pasados que no se recuperan jamás.
Es por lo tanto símbolo de pasado y de futuro, de los nuevos ciclos y cambios de la vida a los que todos estamos sometidos periodicamente.
El símbolo alude a los sorpresivos lugares de nacimiento de los nuevos brotes de las ramas, que son inaccesibles a cualquier tipo de observación lógica. Y así como la vida nos sorprende, nos sorprenderá la planta cada primavera.
Como a muchos nativos arianos, la Madreselva debe ser guiada y controlada en su crecimiento para no convertirse en un arbusto sin ninguna dirección, dada su exuberancia salvaje y generosa, que en contrapartida y con la paciencia necesaria, nos obsequiará con una floración abundante, de exquisita e inconfundible fragancia,de la que podremos disfrutar en las largas noches de verano.
….”en el cenador entretejido,
donde las madreselvas maduradas por el sol,
prohíben la entrada al brillante astro…”
Shakespeare